Visitando Miyajima

El Tranvía número 2 de Hiroshima te deja en el muelle de Miyajima-guchi desde donde se toma el Ferry a esta maravillosa isla, también conocida como Itsukushima o como la “isla de los templos”.

Es media mañana larga, todavía no hemos comido, lo haremos en la isla, y nos dirigimos hacia el Ferry de la JR que también está incluido en el JRPass. Tenemos suerte, hay uno a punto de salir que todavía no está completo así que nos subimos sin colas ni esperas. El trayecto dura apenas 10 o 15 minutos, no sabría decirlo, fuimos tan entretenidos viendo el maravilloso paisaje y el Tori Flotante que no nos dimos ni cuenta del viaje.

Llegamos a Miyajima con muchas ganas de ver lo que tenía por ofrecernos, nada más salir del ferry enseguida te encuentras con los primeros ciervos, muy simpáticos. Pero por la hora ya vamos teniendo hambre además pensamos que es importante comer lo primero para luego tener todo el tiempo disponible para nuestra visita.

Hay muchos lugares para comer en la isla, casi todos al lado de la terminal del Ferry. Nosotros decidimos entrar en un restaurante de Okonomiyaki (también conocido como Pizza Japonesa), en el restaurante tienen dos tipos de plato, una al estilo de la isla y otra al estilo Kansai.

La diferencia fundamental es que uno tiene noodles y el otro tiene mucha más col, digamos que es más sano el estilo Kansai, pero pedimos uno de cada para probar. El trato en el restaurante fue estupendo y la comida muy buena a la par que barato.

Tras llenar el estómago y recuperar fuerzas comenzamos nuestro paseo por esta maravillosa isla. Vamos paseando por la calle viendo tiendas a un lado y mar a otro, viendo en el camino varias manadas de ciervos que por la hora y el calor están tratando de descansar en las sombras. Lo primero importante que vemos es el Tori flotante, signo inequívoco de la isla. Tenemos la marea alta y la visión es impresionante, más tarde lo veremos con marea baja.

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Esta isla está llena de templos, unos más turísticos que otros, el más conocido y que da nombre a la isla es el de Itsukushima al que además pertenece el Tori flotante. Pero sin duda alguna a mi el que más me ha gustado e impresionado ha sido el Daishoin, que está subiendo la colina que hay frente a este.

Puedo decir, sin miedo a equivocarme, que ha sido el templo más bonito que hemos visto en todo el viaje. Además es un lugar donde se respira paz y tranquilidad, puedes ver sin prisa todos los edificios que componen el templo y sentarte a tomar un refresco en alguno de los asientos que hay repartidos por el templo, la principal ventaja es que aquí no sube casi ningún turista, mucho menos occidentales y causas cierto llamativo para los propios monjes que si te ven sentado se acercan a charlar contigo, lo que enriquece sobremanera cualquier viaje.

Además para llegar hasta aquí puedes tomar el camino más “turístico” a través de caminos en la montaña, desde donde tendrás unas vistas preciosas de la isla y de casi todos sus templos, así como de la pagoda de 5 plantas, otro de los grandes atractivos de la isla.

En estos caminos que surjan la colina te encontrarás con ciervos mucho más dóciles que los que hay abajo, supongo que porque no están tan acostumbrados a robar comida de los turistas. Aunque en cualquier caso los ciervos de esta isla son mucho más dóciles que los que te puedes encontrar en Nara, por ejemplo.

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Tras nuestra visita al templo Daishoin emprendemos la bajada de la colina por un lugar diferente al que subimos para encaminarnos hacia la pagoda de 5 pisos, que tampoco nos queremos perder, aunque ya hemos estado en China y hemos visto varias pagodas, ésta parece más grande y bonita que aquellas, así que tenemos muchas ganas de verla. Para llegar a ella volvemos a bajar hasta el templo Itsukushima y callejeamos un poco siempre para arriba para ir descubriendo la maravillosa isla y llegar hasta la pagoda y el templo Senjokaku que tiene al lado.

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La pagoda impresiona desde lejos, impresiona desde la playa y también lo hace desde su base, es una preciosidad de cinco plantas que nos deja casi sin palabras.
Continuamos callejeando por la isla, visitando algunas tiendas y hablando con algunos habitantes, es un lugar realmente maravilloso, primer reproche del viaje, no haber planeado pasar una noche aquí, no hay mucho que hacer, pero es un sitio realmente maravilloso y muy bonito que pensamos durante la noche, ya sin turistas tiene que ser un agradabilísimo lugar donde pasear bajo la luna llena que tenemos.
Para terminar nuestra visita, no podíamos olvidar nuestro lado más Friki y nos dirigimos a ver la Cuchara de madera más grande del mundo, que mide más de 5 metros de largo y que se encuentra en la calle de tiendas posterior.

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Tras eso tomamos el ferry nuevamente hasta Miyajima -guchi ya en Hiroshima desde donde tomaremos en esta ocasión un tren de JR que nos llevará a la estación de Hiroshima en poco más de 10 minutos, esta vez sin vistas de la ciudad más allá de las estaciones por las que pasa.

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La última combinación que hemos encontrado para volver a Kyoto es un Shinkansen que sale a las 20.05 de Hiroshima y te deja en Kyoto a las 21.48. Es un día largo, pero ha merecido la pena, la visita a Hiroshima ha sido buena, pero sin duda la visita a Miyajima ha sido magnífica.

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